sábado, 29 de agosto de 2009

Tu último dolor


Existen canciones que nos hacen recordar situaciones, encuentros y desencuentros, victorias y derrotas, asi como los pasos que uno daba por la calle o la alegría que se contagiaba entre todos.

Canciones que te recuerdan los 8 años y las tardes de domingo en la casa. Canciones que te hacían cantar de niño porque decían que la cantabas muy lindo.

La primera canción que pudiste tocar en la guitarra, la primera que intentaste componer. La que te convierte en el bailarín de la pista de baile.

La canción que cura heridas, y las que abre otras. La que siempre está en el reproductor y las que deberían salir de él.

La canción que te recuerda a tus amigos, a tus amigas, la que cantan todos. La que un día te dedicaron, la que puede hacerte recordar a alguien que no soy yo.

Las hay de muchos tipos (como los helados)... dulces, suaves, duras, intensas, sombrías, fuertes, densas, ácidas, de vainilla con chocochip y de chicle cosmos.

Pero solo existió una canción entre los dos. Una entre todas las que compartimos. Fue la primera vez que tenía una canción con alguien. Que era capaz de erizar nuestros cabello y hacer que se enlacen nuestros dedos, que se junten nuestros labios sin duda alguna y que al final digas que no quieres hacerme daño.