martes, 8 de septiembre de 2009

Você é linda

...había saltado por la ventana, la de los finos acabados de papel periódico. Pensaba escapar de los gritos desesperados, que dejaron aquel rincón vacío que los caprichos no pueden dejar.

Caí en la arena donde muchos terminan sus días y yo iniciaba mis dudas. Nadie me esperaba y la sorpresa en sus rostros me llamó hacia ellos. La teletransportación fue casualidad, ahora tendría que buscar la respuesta en mi sangre; aunque el viento fue la primera señal para decirme que no era mi lugar.

Esas calles angostas habían cambiado, el relámpago que formaban no dejaba ver mucho. Solo las planchas de triplay que adornaban los pocos metros donde podían vivir.

¿Qué haces aquí?... no fue el caluroso saludo que esperaba, la sorpresa aún les era grande; a pesar de saber que al menos alguien debería estar ahí. Y fui yo.

Pero yo no sabía por qué el viaje fue tan rápido, solo salté para probar las fibras estirarse mientras estas querían no quebrarse y dejar de ser uno.

Después de algunas palabras y llantos ajenos crucé la puerta y el corazón comenzó a encogerse, junto con todo mi cuerpo. Otra vez mis 8 años me acompañaban pero estaba acorralado de muros, vidrios y escaleras eléctricas.

Buscaba respuestas, lo sabía de algún modo. Tenía que saber por qué estaba ahí, por qué esas calles en forma de relámpago, el vacío en el estomago y el corazón... Cada paso que daba me alimentaba de dudas, en ese momento era ajeno a todo.

Y apareció esa dulce niña que solo conocí por fotografías. Tenía mi edad, y su voz no había cambiado (nunca la había conocido ni olvidado). Tomó mi mano dispuesta a darme todas las respuestas y desvanecerme en sus ojos que siempre fueron los mismos.

Todo lo que necesitaba saber estaba en el primer piso, bajaríamos por el ascensor a lado de todos los desconocidos que flotaban.

El ascensor pasó lleno y desde un vértice una señora se llevaría a la niña... En un momento pensé que todo terminaría, me dejaría.

Con sus zapatillas bastante cómodas retrocedió 2 pasos, apretó mi mano con fuerza y dijo que bajaríamos por las escaleras, corrió tan rápido que la señora solo pudo vernos desde el piso 10 y quedarse parada para ver como bajábamos.

De pronto tuve miedo y vértigo, mi corazón saltaba mientras la veía bajar riendo dulcemente sin soltar mi mano. Tras el vidrio éramos ajenos a la vista y el color de todas las personas.

Tuve mas miedo, no sabía si la volvería a ver después de llegar al primer piso. Faltaba mucho y las gradas se hacían mas altas... bajar corriendo se hacía más difícil. Mi pecho contenía un corazón temeroso y se hacía milímetros mas grande. Todos los sentimientos se hacían intensos a cada paso... correr era difícil e intenso... intenso, su cabello... no soltaba mi mano... intenso... nunca lo soltó... cada paso.... muy intenso... no podía más... cada paso... intenso... intenso...

Y una llamada al celular me despertó... no volví a verla...

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